
"Ahora digo -dijo a esta sazón don Quijote- que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho". Miguel de Cervantes.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
martes, 23 de diciembre de 2008
martes, 16 de diciembre de 2008
lunes, 1 de diciembre de 2008
Jardin de la Isla. Aranjuez.
JARDÍN DE LA ISLA. ARANJUEZ.
De nuevo, otro paseo prometido y, como en el anterior por el Jardín del Príncipe, el avance del otoño ha realizado el cambio cromático que se preveía en la anterior visita. El amarillo y el ocre son mas extensos e intensos, indicando ya el inminente desprendimiento de la hoja sobre los senderos y setos que delimitan formas y figuras de auténtico bordado, y que conformaran la materia orgánica, fuente fundamental de desarrollo y sostenimiento de su arboleda.
Con la atrayente imagen de una solitaria rosa que “atrapo” en el borde de un sendero, regreso, regresamos, a la salida del Jardín de la Isla, ya con excesivos paseantes entre sus calles, pero con la certeza de haberlo hecho de forma relajada y sabiendo que su recuerdo no me deja indiferente.
Con la atrayente imagen de una solitaria rosa que “atrapo” en el borde de un sendero, regreso, regresamos, a la salida del Jardín de la Isla, ya con excesivos paseantes entre sus calles, pero con la certeza de haberlo hecho de forma relajada y sabiendo que su recuerdo no me deja indiferente.

domingo, 16 de noviembre de 2008
Jardín del Príncipe. Aranjuez.
JARDÍN DEL PRÍNCIPE. ARANJUEZ.
En la visita del pasado 28 de septiembre, en el último párrafo, decía: “Si me es posible, haré otra visita, cuando “el color otoñal” esté mas definido y contrastado”. Y así ha sido.
Ahora, ya mediado el mes de noviembre es el momento de indudable belleza. He vuelto a pasear sosegadamente por el sendero húmedo y alfombrado de ocre y amarillo que en buena parte bordea el Tajo, y en cuyas aguas, de lento discurrir, se refleja la arboleda de uno y otro lado con recoleta tranquilidad a la primera hora de la mañana. Pabellones de caza y cenadores están rodeados y a cubierto de los vetustos árboles del sugerente jardín que, a buen seguro, atesora mil historias de correrías e intrigas palaciegas. Palomas y ardillas se dejan avistar por los escasos paseantes – el amigo Cipriano me acompaña- y el “carpintero” nos deja fotografiar su inacabado refugio nidificador en el robusto chopo.
El paseo continua, pero ya en el Jardín de La Isla. Ahora, las fotografías de este primer recorrido.
Ahora, ya mediado el mes de noviembre es el momento de indudable belleza. He vuelto a pasear sosegadamente por el sendero húmedo y alfombrado de ocre y amarillo que en buena parte bordea el Tajo, y en cuyas aguas, de lento discurrir, se refleja la arboleda de uno y otro lado con recoleta tranquilidad a la primera hora de la mañana. Pabellones de caza y cenadores están rodeados y a cubierto de los vetustos árboles del sugerente jardín que, a buen seguro, atesora mil historias de correrías e intrigas palaciegas. Palomas y ardillas se dejan avistar por los escasos paseantes – el amigo Cipriano me acompaña- y el “carpintero” nos deja fotografiar su inacabado refugio nidificador en el robusto chopo.
El paseo continua, pero ya en el Jardín de La Isla. Ahora, las fotografías de este primer recorrido.
sábado, 15 de noviembre de 2008
Jardines del Buen Retiro. Madrid.I
JARDINES DEL BUEN RETIRO DE MADRID
En una mañana aparentemente fría, he paseado por los Jardines del Buen Retiro, emblemático jardín en el corazón de Madrid, lugar de encuentro y de actividad social de dinámica vitalidad a cargo de músicos, pintores, títeres, guiñoles y el ir y venir de cientos de personas de edades y orígenes diversos.
Caminar, pasear sin prisas, pausadamente -en mi caso no puede ser de otra manera- era mi intención cuando llegaba a la Puerta de la Independencia, adentrarme por las terrizas sendas y disfrutar del silencio multicolor de su tranquila arboleda, ahora ya de tonos ocres, ofreciendo gran belleza visual. Y así ha sido. Recorrido aislado del bullicio por entre sombras y rayos luminosos de un sol que atravesaba las despobladas ramas e iluminaba la caduca hoja, aún resistente.
Al final del paseo, encontré lo que en principio fue el motivo de mi paseo, el Bosque del Recuerdo, de silencio triste que recuerda, de un 11-M, del año 2004, la sinrazón del asesinato de 192 personas, representadas a hora por cipreses y olivos, en ese número, plantados en un suave montecillo preparado al efecto. El paseo circular en su cima, se presta, obliga a la reflexión y búsqueda de un porqué.
Dejo, como siempre documento gráfico del paseo que, fue extenso en el tiempo, pero corto en el recorrido. Y queda agradecer la compañía de Maria José.
Caminar, pasear sin prisas, pausadamente -en mi caso no puede ser de otra manera- era mi intención cuando llegaba a la Puerta de la Independencia, adentrarme por las terrizas sendas y disfrutar del silencio multicolor de su tranquila arboleda, ahora ya de tonos ocres, ofreciendo gran belleza visual. Y así ha sido. Recorrido aislado del bullicio por entre sombras y rayos luminosos de un sol que atravesaba las despobladas ramas e iluminaba la caduca hoja, aún resistente.
Al final del paseo, encontré lo que en principio fue el motivo de mi paseo, el Bosque del Recuerdo, de silencio triste que recuerda, de un 11-M, del año 2004, la sinrazón del asesinato de 192 personas, representadas a hora por cipreses y olivos, en ese número, plantados en un suave montecillo preparado al efecto. El paseo circular en su cima, se presta, obliga a la reflexión y búsqueda de un porqué.
Dejo, como siempre documento gráfico del paseo que, fue extenso en el tiempo, pero corto en el recorrido. Y queda agradecer la compañía de Maria José.
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