Plaza de Puerto Lápice. Ciudad Real |
No eran “las del alba” pero si a temprana hora cuando llegamos a Puerto Lápice – inmortal lugar cervantino de inicio de las aventuras del hidalgo- para admirar, ya pie a tierra, su recoleta plaza porticada y manchega, con su tradicional arquitectura y de los colores, también manchegos, de la blanca cal, el rojo almagre de sus maderas y un recóndito azul añil.
Debidamente documentada fotográficamente la plaza, nos dirigimos a La Venta –denominada de Don Quijote- señalada su situación por el incesante ir y venir de los turistas. Es, en principio, un hermoso edificio con un especial patio empedrado y encalado con sus lados porticados y estancias, del que sobresale –junto a la hierática figura escultórica del hidalgo Don Quijote y sus armas, un pozo y una pila o abrevadero de piedra berroqueña ya desgastada. Completan el paisaje una galera, especie de carro manchego, tinajas y otros aperos.
El lugar propicia que en la mente revoloteen capítulos quijotescos sobre arrieros con el abrevar de sus caballerías, el ventero con usado mandil, mozas recatadas y la frustrante pelea con los pellejos de vino y el origen de su proyecto y calamidades “a pesar de ser un lugar muy pasajero”.
De tan espectacular recuerdo y lugar, partimos en la búsqueda de otros protagonistas de la época y de la novela. Ya os los presentaré. Ahora, las fotos de los dos puntos que enuncian la entrada de hoy.
La Venta de Don Quijote
2 comentarios:
Muy bonito lugar y muy buenas fotos Luis, es como si se hubieran detenido el tiempo, en las páginas de tan universal lectura...
Muy buenos los dos Luis.
Antonio
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