"Ahora digo -dijo a esta sazón don Quijote- que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho". Miguel de Cervantes.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Luz y color


Seguimos junto a la brisa del mar, con paseos en horario de temperatura admisible, recorriendo los bien cuidados jardines delanteros de las viviendas unifamiliares y acumulando imágenes, colores y olores que nos permiten disfrutar de una amplia variedad de plantas y flora, generalmente repetitiva en la zona. Son hibiscos, lantanas, rosas, buganvillas, plumerías, floripondios, plantas trepadoras decorativas,, etc., todas ellas de gran belleza floral en sus colores rojo, amarillos, blancos y lila. Por su variedad y cantidad, merecen otra entrada. Ahora, imágenes de algunos de estos recoletos espacios ajardinados.

















viernes, 21 de septiembre de 2012

De nuevo, el otoño.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Luna azul


En la última entrada -“Junto al mar”-, en el pie de la fotografía con la que finaliza la serie, puede leerse: Luna azul (?). Intencionadamente lo dejé así.


Esta fotografía y la que antecede a este texto, están tomadas -junto al mar, en la costa malagueña- el día 31 de agosto a las 22,01h. Se las hice a la “luna azul”. Su tonalidad no es azul pero si especial. Se entiende por “Luna azul”, en términos astronómicos, a la segunda luna llena que ocurre durante el mismo mes, fenómeno que sucede cada 29,5 días. Así ha sido en el pasado mes de agosto, no volviendo a ocurrir hasta julio de 2015.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Junto al mar.

Junto al mar.
 Como las dos anteriores entradas, esta también contiene un “cambio de aire”. Hacía tiempo que no disfrutaba de este cambio. Ahora he vuelto a ver la realidad de la imaginación. Dejo estas fotos, seguirán mas……


Llegando el día

Primera luz

Palomas

Una gaviota


Luz brumosa

Continuidad

Vigilancia nautica


Acercamiento

Obstáculo marino

Espuma y ruido

No fue tanto

Paseo

Descanso

Luna azul (?)

sábado, 15 de septiembre de 2012

Cambio de aire. II



 Dispuesto a disfrutar de la tranquilidad del lugar visitado el día anterior, me acerqué nuevamente acompañado ahora por Antonio, nuevo amigo, que me señalaría sobre el terreno, los puntos adecuados para la observación de las aves que ya tienen el lugar como espacio habitual de reposo junto a estas aguas remansadas y arriba de la presa de La Colada, aportación del modesto Guadamatilla.

Fotografiados ya los primeros albores del día, iniciamos el camino –gran parte en vehículo y mínima a pie- hacia los puntos desde los que la gratificante visión de los vuelos faunísticos era más provechosa visual y fotográficamente hablando. Notable la naturaleza que nos rodea pero las tomas fotográficas saben a poco, dada la lejanía de los vuelos y posados y la escasa óptica para estos temas.

Conocido el lugar y sus puntos idóneos, trataré de volver en próximos desplazamientos a la tierra en época de mayor actividad vital de la fauna que afortunadamente ya ocupa el humedal como hábitat propio para su protección, nidificación y desarrollo de la misma.

Gracias a Antonio por tu compañía e información y espero volver a disfrutar de la misma en estos lugares tan especiales, ya debidamente pertrechado fotográficamente y adecuadamente situados con esa intención.



















viernes, 7 de septiembre de 2012

Cambio de aire. I


“La del alba sería……”-con permiso del famoso hidalgo- cuando me sitúo en el lugar del que desde hace poco lo he hecho habitual para ver amanecer el día, siempre que, cambiando de aires, vuelvo a mis raíces. El trayecto es corto, apenas unos kilómetros pero la recompensa es grande si el disco solar aparece limpio e intenso. Hablo del inicio viseño del pantano de La Colada, a través de las aguas del Guadamatilla, en la Comarca de Los Pedroches (Córdoba).

El lugar encanta al visitante que, desde un primer momento se rodea de imágenes, reales o no, y escucha su silencio, obteniendo con ello, un disfrute sosegado que ansia el capitalino forzado. Con las imágenes que siguen se siente -in situ-, una vez repuesto de la brillantez de las primeras luces matutinas, la vetustez de la encina de la dehesa, la imaginativa pose de un imaginario guardián pétreo acomodado tras la retama, el leve movimiento de las plantas junto a la ribera del humedal que también refleja otras en su orilla y el grupo –bando-de las aún poco asustadizas perdices, ajenas a la presencia del humano.