"Ahora digo -dijo a esta sazón don Quijote- que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho". Miguel de Cervantes.

lunes, 22 de octubre de 2012

Genovés y Apodaca

PARQUE GENOVÉS
 Hay dos populares parques en Cádiz, que por su contenido bien pudieran ser denominados “botánicos”. Son el Parque Genovés y la Alameda de Apodaca.

El primero, paralelo a la muralla de la ronda de baluartes y junto al casco antiguo de Cádiz, adquiere su nombre a finales del siglo XIX por el del jardinero valenciano Eduardo Genovés que transforma el originario Paseo del Perejil y posterior Paseo de las Delicias, en un muestrario de árboles y plantas. Su estructura es de jardín longitudinal con frondosos cipreses recortados por bellas formas y con incorporación de especies exóticas de árboles y plantas ornamentales (dragos, ficus, hibisco, buganvilla y originarias de otras latitudes) así como altísimas palmeras, entre las que se pueden encontrar grupos escultóricos.

Con nombre de ilustre marino y militar gaditano, el segundo parque, de origen en 1617, también frente a la bahía, es un bello rincón gaditano con paseo de losa y configuración de dibujos geométricos, columnas de piedra, farolas de forja y diseño llamativo y cerámica vidriada en bancos y fuentes que ponen singularidad al espacio de frondosa y colorista vegetación, así como el espectacular y centenario ficus de principios del siglo XX, traído de Australia, que por su envergadura y volumen de su tronco es objeto de obligada fotografía con una referencia de medida conocida.

Bello paseo en una tarde otoñal que alimentó el sentido de la vista y alivió el cansancio del lento caminar de este visitante. Disfruté y dije “hasta luego”.



















ALAMEDA DE APODACA
















viernes, 19 de octubre de 2012

Casa del Obispo


En pleno centro histórico y muy próximo a la catedral gaditana se encuentra el yacimiento arqueológico que permite conocer parte de la historia de Cádiz. Se trata de “La Casa del Obispo” cuyo contenido se contempla desde una moderna instalación de pasillos con suelos de cristal –que hacen aparecer el vértigo-y paneles explicativos, contenido que, en secuencia cronológica y estratigráfica, desarrolla, desde la época fenicia (siglo VIII a.C.) hasta la actualidad, la evolución de la ciudad.

Se asienta sobre la antigua casa episcopal a partir de restos recuperados de edificios romanos. Como gran monumento funerario fenicio, lo siguió siendo de culto a los dioses de la época romana. En el siglo XVI, se convierte en Palacio Episcopal por el obispo García de Haro, pero debido a su escasa ornamentación y lujo, se le denominó “casa del obispo”.

Visita muy interesante a este conjunto de piedras, muros y estratos con la carga histórica de cada una de las civilizaciones que dejaron su impronta en el lugar.



















jueves, 18 de octubre de 2012

De la arena, la escultura


 Niebla, humedad, arena, ¡et voilá!, la figura. Expresión artística efímera pero original y fresca.

Caminando junto a la “caleta gaditana”, la figura, de factura oriental fabricada con ingredientes tan básicos como el agua y la arena, sorprende al caminante que, cámara en mano, no se deja amilanar por la niebla baja y húmeda de la mañana de octubre.

Integrada en un conjunto y de proporciones medias, sobresale una divinidad –presuntamente sedente- de facciones precisas a pesar la fragilidad del material que la sustenta. Sus autores, de manera sutil y exquisita la moldean y conservan aun sabiendo de su caducidad próxima obligada por inclemencias inmisericordes, pero conscientes de atraer la atención del paseante que, a buen seguro, dejará unas monedas compensatorias al desafío provocador.

Dejando atrás las imágenes, el recuerdo ofrece tiempos infantiles de fortalezas, cuevas, palacios, disfrute y …….“castillos en la arena”.



lunes, 15 de octubre de 2012

La buganvilla


Durante mis paseos veraniegos de este año en zonas costeras, he tenido múltiples ocasiones de fotografiar una planta -¿o una flor?- como la buganvilla que, sin duda representa el clima mediterráneo, su paisaje y su seña de identidad, siempre adornando blancos muros, jardines, balcones y pérgolas con sus llamativos colores, mezclados entre las hojas verdes oscuras de sus ramajes trepadores, que en un hipotético conjunto, formarían una paleta de colores, pues su variedad permite este símil. A pleno sol, en penumbra, a contraluz, lucen igual.

Ved algunas tomas, cuyos colores van del “sangre de toro”, naranja, amarillo o el rosa pálido de las brácteas que rodean la verdadera flor, blanca y diminuta que se puede observar entre ellas.

Aquí, un modesto homenaje a esta sencilla flor ¿o planta? que me ha acompañado generosamente en mis paseos solitarios y callados.