"Ahora digo -dijo a esta sazón don Quijote- que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho". Miguel de Cervantes.

sábado, 13 de octubre de 2012

Baelo Claudia


 “Estás en un lugar privilegiado”, me dijo un amigo arqueólogo, cuando le informé de estar visitando el yacimiento. Y no era así, yo era el privilegiado por estar allí. El lugar era Baelo Claudia (Tarifa, Cádiz).

Baelo Claudia, yacimiento portuario romano de finales del siglo II a.C., de origen fenicio, fue de gran riqueza e importancia económica en la época de Claudio, emperador. La pesca, la salazón y el “garum” (tipo de salsa de la salazón) fueron sus principales industrias. En la segunda mitad del siglo citado, por avatares geológicos, crisis e invasiones mauritanas y germanas, se produce el abandono de la ciudad.

El plano de su trazado tiene las vías principales de la ciudad romana, el “decumanus máximus” y el “cardo maximus” en cuyo cruce se encontraría el foro y los edificios públicos de importancia. Otros edificios como templos, teatro, centros administrativos, etc. están contenidos en el aún visible recinto cercado, con puertas y torres de vigía.

Bien de Interés Cultural desde 1925, cuenta con un reciente y hormigonado Centro de Interpretación (2007) que modifica el paisaje y el entorno del yacimiento de forma claramente destructiva.

Dejo unas fotografías –no todas las que quisiera- de la parte recorrida, pues su extensión y acceso a la parte superior no fue posible por su distancia y calor ya manifiesto en la ensenada de Bolonia y su adjunta duna, atractivo monumento natural de avance significativo.

Maqueta de la ciudad de Baelo. Centro de Visitantes del conjunto arqueológico

Panorámica del yacimiento de Baelo Claudia 


Basílica, edificio destinado a la administración de justicia



Basílica y centrada, escultura del emperador Trajano

Basílica y parte del foro

Necrópolis tardía

Pavimento original junto a la puerta de Carteia


Acueducto de Punta Paloma

Paramento de la muralla

Foro

Tiendas al costado oriental del foro


Basílica

Restos de los templos capitolinos, Juno, Júpiter y Minerva



Centro de Visitantes desde la puerta de Carteia


Acceso al museo del yacimiento

Salas



domingo, 7 de octubre de 2012

La ardilla del Retiro


Allá por diciembre de 2010, en la entrada “La ardilla del Botánico”, presente unas fotografías del encuentro con una ardilla en el Real Jardín Botánico de Madrid. Fue un encuentro casual con este simpático animal.

He vuelto a tener otro encuentro pero en distinto escenario, el también madrileño Jardín del Buen Retiro, aunque en esta ocasión acompañado por el amigo Antonio, del que ahora he aprendido a acercarme a éste y otros animalillos que, a poco que te propongas, acuden a la llamada del que de buena idea solo necesita de ellos alguna fotografía.

Al reclamo de Antonio, acudió nuestra ardilla, con la precaución debida, desde un fondo vegetal coloreado de otoño. Con la certeza de algún “premio” nuestra protagonista acercóse a mi amigo hasta la distancia mínima y comprobando el vacío en su mano, inició una búsqueda en las proximidades y sin resultado, volvió a su quehacer saltando de rama en rama y de árbol en árbol. Faltó un puñado de cacahuetes. Entonces, el “book fotográfico” hubiese sido completo. Prometo llevarlos en la próxima visita a nuestra amiga.










jueves, 4 de octubre de 2012

Bolas de nieve


No ha nevado aún, pero ya hay “bolas de nieve”. Hablamos de las blancas y arracimadas bayas otoñales de un arbusto caducifolio, el sauquillo, de hojas ovaladas brillantes. Su baño oportuno a media tarde por un nublado de porte aislado dejó estas imágenes. Estaban en el arboreto Giner de los Ríos, junto al monasterio de El Paular, de Rascafría.








miércoles, 3 de octubre de 2012

Ventano del Diablo


Cuando se sale a “desempañar la vista”, todo paisaje natural produce una atención especial. Esa atención especial tuvo incidencia -de manera casi inadvertida -en un cartel indicador a pie de carretera: 0,1 Ventano del Diablo.

Aparcado oportuna y convenientemente, los cien metros indicados, avanzan por un camino abierto a un precipicio lateral concluyendo en el interior una enorme roca natural de caliza, horadada, con dos ventanas abiertas que permite vistas increíbles del río Júcar que, desnivel abajo -un par de cientos de metros- discurre sobre un soberbio cañón en cuyo fondo y con preocupada inclinación sobre el ventanal, pueden apreciarse unas pozas de color verde intenso que reflejan así mismo la rocas próximas.

El paraje, en verdad espectacular, ofrece unas vistas de frondosas arboledas que cubren las paredes de valle por el que serpentea el citado Júcar. Satisfecha la atención y pensando en ellas, dejamos atrás el Ventano del Diablo, situado junto a la carretera que, partiendo de Cuenca, sube a la Sierra de la Majadas y desde el que Belcebú lanzaba al vacío a los curiosos que hasta allí llegaban. En la bajada, encontramos Villalba de la Sierra. Mereció la parada.